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La fertilidad química de los suelos

There have been 0 comments  |  Posted on 7 marzo, 2014 by Agrorganics en Abonos, Frutales, Huerto

Abonos ecologicos agricultura ecologica Introducir abonos verdes de leguminosas puede fijar cantidades importantes de nitrógeno. En la foto, un campo de veza. Fuente: Elaboración propia

Dentro de la serie de entradas sobre la fertilidad de suelos, hoy abordamos el tema de la fertilidad química.
Tradicionalmente a procurar que las plantas dispusieran de los nutrientes necesarios para crecer y dar cosechas abundantes le llamábamos fertilidad, de forma genérica. Pero ya hemos ido viendo que esta es una visión muy limitada de la fertilidad de un suelo, y con prácticas basadas simplemente en el trabajo del suelo y la aportación de fertilizantes minerales está demostrado que la productividad y salud de nuestros suelos disminuye con los años .
Pero si analizamos la fertilidad en sus tres vertientes (física, química y biológica), entonces la química sí podemos decir que es la capacidad de un suelo de poner a disposición de las plantas los nutrientes necesarios y en formas asimilables para su correcto desarrollo.

 

Macro y micronutrientes

Se diferencian entre los macro y micronutrientes según la cantidad que una planta necesita durante su desarrollo. Hay nutrientes que las plantas utilizan en mayor medida (Macronutrientes) y nutrientes que pese a que también son imprescindibles, las cantidades necesarias son menores (micronutrientes).
Así, consideramos macronutrientes al nitrógeno, fósforo y potasio, pero también el calcio, el magnesio o el azufre.
En cambio, consideramos micronutrientes al Hierro, boro, manganeso, zinc, cobre, molibdeno o cloro.
Cuando leemos las riquezas declaradas en un abono, lo menos que nos ofrecen es la composición NPK. Esto significa la riqueza en nitrógeno (N), fósforo (en forma de P2O5) y potasio (en forma de K2O).
De esta manera, un abono NPK 5-3-10 tendrá 5Kg de nitrógeno, 3 Kg de P2O5 y 10 Kg de K2O por cada 100 Kg de abono.

El ciclo de los nutrientes minerales en el suelo

En nuestros suelos establecen balances de entrada y salida de nutrientes.
La salida principal son las cosechas. Estas han necesitado nutrientes para hacerse, y muchos de ellos se van en forma de fruto, hoja o lo que aprovechamos como cosecha. Pero también tendremos pérdidas por lixiviación (nutrientes que lava el agua al llover) sobre todo con el nitrógeno o por la misma erosión, factor que siempre debemos vigilar y evitar.
Como entradas de nutrientes tenemos:
-Las aportaciones que hacemos en forma de abonados o enmiendas.
-Los restos de cosechas, que ya no vamos a quemar sino que volveremos al suelo directamente o una vez compostados.
-Los que contenga el agua de riego. Sin una analítica son difíciles de saber, pero toda agua de riego contiene nutrientes que no podemos obviar.
-La fijación de nitrógeno atmosférico por parte de bacterias que establecen relaciones simbióticas principalmente con leguminosas. Así, introduciendo dentro de la rotación abonos verdes de leguminosas estaremos aportando nitrógeno al suelo de origen atmosférico.
-La mineralización de la materia orgánica. Esta es la base de la fertilización química en sistemas ecológicos. La materia orgánica, en función de su grado de madurez, tiene un nivel de nutrientes disponibles para las plantas. Pero tiene una gran cantidad que no están disponibles de inmediato, sino que requieren de un proceso llamado mineralización, donde los microorganismos del suelo, en su proceso de descomposición del material orgánico, liberan formas asimilables de nutrientes de forma gradual. Es un proceso complejo, y su ritmo depende principalmente de la temperatura, la humedad, la aireación y la biodiversidad biológica del suelo.

Cómo gestionar la fertilidad química

En próximas entradas hablaremos de cada nutriente mineral en particular, pero como ideas generales podemos aplicar el siguiente:
1.-Como siempre, la materia orgánica es clave. Nos aportará nutrientes, pero también la necesitamos para regular la disponibilidad de estos. Un suelo con niveles correctos de materia orgánica equilibra la reacción del suelo (PH), facilita la disponibilidad formando quelatos naturales y libera poco a poco los nutrientes, haciendo que difícilmente se produzcan fitotoxicidades por exceso.
2.-Fraccionar los abonos en varias aplicaciones si no conocemos el estado nutricional de nuestro suelo y observar cómo reaccionan las plantas. Aplicar lo que recomienda cada abono si lo que estamos haciendo es reponer nutrientes al suelo.
3.-Si partimos de un suelo degradado o improductivo debemos entender que la fertilidad química es cuestión de varias campañas, no podemos corregirlo y fertilizar en un solo año.
4.-Gestionar la mineralización con el trabajo del suelo. Esto es algo que los agricultores saben perfectamente: Trabajar el suelo estimula el crecimiento de las plantas, porque introduce oxígeno en el suelo y así estimulan la actividad de los microorganismos responsables de la mineralización de la materia orgánica.
5.-Si disponemos de tiempo suficiente entre cultivos, sembrar un abono verde aprovechará los nutrientes disponibles y hará que no se pierdan por lavado. Para este propósito las gramíneas son ideales. Asimismo, existen abonos verdes de raíces potentes que penetran en el suelo aprovechando nutrientes profundos que una vez incorporado el abono verde quedarán a disposición del siguiente cultivo. Es lo que se conoce como bombeo de nutrientes.

¿Enmendamos o fertilizamos?

Abonos ecologicos agricultura ecologica La mayoría de estiércoles se utilizan principalmente como enmienda. En la imagen, maquinaria de esparcir estiércol. Fuente: Elaboración propia

Las enmiendas

Es importante diferenciar entre enmienda y fertilizante. Las enmiendas son aplicaciones que tienen por objetivo aportar materia orgánica estable más que elementos minerales. De hecho, las enmiendas tienen poca cantidad de nutrientes. Del orden de un 1-2% de cada macronutriente principal NPK son riquezas normales en una enmienda. A pesar de no podemos obviar estos nutrientes, lo que buscamos es potenciar la fertilidad física y biológica.
Proceden principalmente del compostaje controlado de restos vegetales y estiércol de animal en diferentes proporciones. Un buen ejemplo de enmienda sería el compost vegetal (mantillo) que podamos comprar o hacer nosotros mismos, o bien estiércol muy maduros.

¿Y cómo enmendamos?

Si disponemos de compost o estiércol bien maduro, se suele aplicar a salida de invierno en frutales, y en la preparación del suelo antes de plantar las huertas de primavera / verano. Si dudamos de si nuestra materia orgánica es bastante madura, la aplicamos unas semanas antes y la incorporamos muy superficialmente (no conviene enterrar material fresco)
Haremos lo mismo a finales de verano (pasadas las calores) a los frutales y en las parcelas donde haremos huerta de invierno o un abono verde.
Cantidades entre 10-20 toneladas / ha (1-2 kg/m2) podrían ser correctas en suelos productivos. En suelos pobres podemos aumentar la cantidad, pero recordemos que si partimos de niveles de materia orgánica muy bajos conviene aumentarlos en el curso de varias campañas, no de golpe el primer año.

Fertilizantes

Los fertilizantes (o abonos) ecológicos se hacen con materias orgánicas procedentes de materiales más ricos se nutrientes (derivados de huesos, plumas, sangre, vinazas etc..) y enriquecidas con minerales procedentes de extracción (fosfatos, potasa etc..). También hay estiércoles muy ricos en nutrientes, como la gallinaza o la palomina, que se consideran abonos antes que enmiendas.
En el mercado encontraremos muchos tipos de abonos y de riquezas muy diversas. Siempre debemos tener en cuenta el cultivo que haremos y sus exigencias nutricionales. Como ideas generales podríamos decir que:
1.-Los cultivos hortícolas generalmente son exigentes en nutrientes. Aparte de enmendar a salida de invierno, en las más exigentes tendremos que hacer alguna aplicación de abono a media temporada .
2.-Los que aprovechamos la hoja (lechugas, acelgas, espinacas etc..) piden tener nitrógeno disponible, pero siempre con medida, ya que ante excesos pueden acumular nitratos nocivos para la salud.
3.-Los que aprovechamos el fruto (p.e solanáceas) necesitarán nitrógeno y fósforo durante el crecimiento vegetativo, pero una vez entren en producción, necesitarán potasio para tirar adelante la cosecha.
4.-En frutales depende de cada especie , pero la norma general de que en crecimiento y hasta la floración piden más nitrógeno y fósforo, y que a partir del cuajado piden más potasio sigue siendo válida y debemos tenerla en cuenta.
5.-Si hablamos de contenedores o huerto urbano, la fertilización es imprescindible y tenemos que tener mucho cuidado con las cantidades, ya que tenemos poca cantidad de tierra. Siempre es más fácil con abonos y materia orgánica líquida que se incorporan con el riego. Tendremos que hacer fertilizaciones frecuentes con cantidades muy pequeñas de abono.

¿Y como abonamos?

Si no utilizamos un plan establecido de fertilización con controles vía analíticas, tendremos que utilizar la observación. Las plantas expresan el vigor y los crecimientos equilibrados y debemos saberlos percibir.
Como dato orientativo deberíamos tomar lo que indican los envases de los abonos, pero siempre teniendo en cuenta una cosa: Con la gran variedad de abonos ecológicos, riquezas, presentaciones (sólidos, líquidos etc..) y sistemas de aplicación (riego, foliar etc..) siempre podemos hacer una corrección rápida ante una carencia confirmada. En cambio, con un exceso de fertilización no podemos hacernos atrás, y tendremos que sufrir desequilibrios nutricionales (los excesos pueden provocar bloqueos y antagonismos), alta sensibilidad a plagas y enfermedades, alteraciones en la biología del suelo o potenciales contaminaciones de acuíferos. Por tanto, las aplicaciones deben hacerse bien, y nunca aquello de " el doble de lo que me dicen, que no falte!"

Y finalmente, un consejo ..

La preocupación excesiva sobre los abonos, y el pensar que si una planta o frutal no crece o produce adecuadamente, siempre se debe a una carencia nutricional es la respuesta fácil , y casi siempre , la incorrecta. La mayoría de las veces es un riego deficiente, un estrés ambiental, ph inadecuados, suelos compactados o, en el caso de los frutales, un portainjertos equivocado lo que nos está causando el problema, y no falta de nutrientes minerales. Procurando buenos niveles de materia orgánica y abonados puntuales difícilmente tendremos problemas de carencias a no ser que hagamos horticultura muy intensiva, donde debemos estar mas encima, y no tanto para evitar carencias sino para obtener las cosechas previstas.

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